Remota y nubarrón

“…y sus pensamientos se desbandaron en fuga, potros cerriles rebotando las ancas.”
— Ramón del Valle-Inclán

Presiento el papel que jugará la historia en el desarrollo de lo venidero. Presiento la música agridulce, terrible, improbable, que soltará el recuerdo tras derrota y renacimiento. Este respiro del momento, súbito, hondo y entero, parece consumir en un acto fundamental toda la extensión de mi experiencia. Queda un hueco en medio del calendario.

¿Dónde se ha grabado una década de alquiler de bellezas? ¿Dónde se esconderán la última amistad y el centro de nuestro comercio? Veo enrojecer los horizontes con el cárdeno hálito del grito, y con la melodía rosada. En un rincón de la tarde sin reglas tomamos una bebida común, un paisaje común, una decisión a medias, y nos desvanecimos. A la altura del estrépito de la amenaza, nos juntamos en una delincuencia singular, remota y nubarrón. ¿Te han apuntado al registro? ¿Te han permitido entrar en su escándalo?

Resuena un ejército de tacones eléctricos, de botas dudosas, un pseudo-bosque de fábricas ardientes. Resuena el celo desnudo y su combustible ignorancia. Se ha contaminado la leche con oros quemados. Se ha abierto la brecha en nuestra libertad. Una tarde, y nada más una tarde, te puedo prometer. Sólo una tarde me han cedido. Sólo un fósforo y una vela contra la noche plomiza.

Te presto con todo corazón también mi humilde fajo de luces. Te ofrezco un puñado de iluminaciones entre el silencio creciente y las tormentas del desierto. Una vida inscrita por manías irresueltas y sabios vacíos. Y entre el lujo de ese espacio regalado, entre estos huecos y medias luces: ¿dónde guardamos la humanidad que vestimos con lo humano? En la última escala… ante la penumbra de la penumbra del desafío… en un circuito de besos desesperados… contra el remordimiento sin freno… en un pozo de rezos y léxicos y voluntades mudas…

El suelo vibra con rumores de una lluvia de cristal, de la fulminación de lo inédito, de inspirados golpes y presidio. La tentación permanece, entre los escombros de un experimento de cruel letargo; la tentación permanece, entre los éxitos de la justicia de la puerta abierta; la tentación permanece, entre construcciones débiles en su permanencia y ciegas. ¿Cómo fue el amanecer en ese día que se atrevió al descubrimiento de un mundo nuevo? ¿Quién sabe si el este es oeste, el norte sur, volar quedarse inmóvil?

Todo depende del punto de partida. La dirección fija es una contradicción. Estamos en cada momento en medio de la invención del universo. Se dice. Entre ondas de ecos que pretenden transmitir lo insondable. Se dice que nos conocemos. Que deberíamos saber quiénes somos. Que deberíamos librarnos del yugo de saber quiénes somos. Y sin embargo, creemos en la lógica, en las íntimas y cerradas fórmulas que vienen con su casi-casi y mueren famélicas y en combate perpetuo. No hay ni comienzo ni final: ésta es la sabiduría del caballo, de la ballena, del águila… el permiso inquebrantable del volcán… el susurro de la tempestad y la sequía.

Somos hálito, apenas, en un viento sin borde, y de ahí la increíble hermosura de cada incidente de conciencia. Y no recuerdo ninguna consulta en este asunto. No se rogaba nada a nadie. Nos lanzamos al vacío, sin armadura ni rocío. Ninguna inocencia. Ningún amparo metafísico. ¿No ha superado ya la humanidad la insensatez de la guerra? ¿No dimana el peligro mundial de un cartucho de enemistades manuscritas, grabadas y fomentadas a la fuerza?

Vamos detrás del misterio de un origen que no es origen, sino continuación… los imponentes impotentes errores del poder… el coro de desacuerdos que anuncia la geografía de las separaciones de cada época. Se elige continuar; se elige borrar; se elige recordar, desde el momento cómplice hasta el evento canónico. La herrumbre y el destierro se eligen, desde la sede impermeable de partículas sin nombre que nos llenan, nos componen, nos conocen. ¿Será la moral el freno de esta muchedumbre de apetitos anónimos? ¿Será la cronología no un estudio de causas ni de efectos, sino de permisos, préstamos y robos?

Ante el humo, ante el puente quebradizo, ante el pulmón irregular, el engaño labra y labora para lograr el unísono mérito del desfile. Ante la turbia lección de un encuentro con el todo innúmero, ante la cumbre, el abismo y el muro de la retórica pura, la lluvia se descolora y falla e inunda un frágil barco de vela, mientras la tierra se quema lejana y seca y la verdad madre agoniza. El respiro se vuelve cada vez más corto, la garganta se llena de un humo negruzco y espinado, la sangre experimenta un asalto barroco.

¿Dónde está el pueblo inminente? ¿Dónde está el fundamento textual?

Es mentira la lógica de la fuerza eterna, del poder inacabable. La verdad, madre y hermitaña, es que el acabar esencial no acaba nunca… y al acabar, se nace… y en el cambio, se vive… se espera… se salva. La hoja ruborizada del otoño nos pide detener la matanza, dejar de recurrir al tirano amigo, dejar de confiar en la virtud del apetito más fuerte. El acento primaveral nos lo exige. La humanidad es siempre más amplia que el abuso; el movimiento es siempre más amplio que el trayecto; la visión es siempre más amplia que la imagen.

Veamos: los héroes de la aventura gozan de un plan desolado ajeno al día y devastador. Yo imagino recortes de periódico, andariegos y regañones… incendios de maravilla… brusquedades ignotas… y demandas sin dueño. En fin, ¿quién es tigre, sino el tigre? ¿Quién merece la paz, sino el que la ejerce?

[ Wayne, PA, 26 III 03 ]

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