Los azules rostros

ni éste ni otro día puede alcanzar
las fuerzas mayores a las que no sabemos poner nombre
que también somos nosotros mismos
que irrumpen y dictaminan ligeros sacrificios
casi soportables casi célebres
pero que en su multitud nos vacían
nos cambian el color de todo un paisaje temporal
y llenan la ciudad de los azules rostros
de un solo desencuentro febril
entre las hierbas bailarinas del paraíso

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