Los desconfiados devotos

La desconfianza no es un estado de ánimo, no es una reacción a la desdicha; es una doctrina, y existe una secta dispersa que la difunde. Esta secta consta de una gente que apuesta abiertamente por la desconfianza, como cosmología o plan de vida, una lógica venenosa contra la que poco se puede hacer, porque su fuerza radica en la decisión total de sus congregantes de vivir en la desconfianza, confiados hasta la última en que no puede haber otra forma de vida más inteligente.

Esta falacia se utiliza, entonces, para dos fines claves: 1) reducir el valor de las situaciones donde la confianza parece traer fuerza, bienestar y una resistencia sana; 2) justificar comportamientos que no se pueden justificar dentro de una ética coherente. La desconfianza doctrinal, por lo tanto, se aprovecha, como arma, de la posibilidad de utilizar los desengaños ya existentes para los demás para no entrar en ninguna responsabilidad —ni en la consciencia de la responsabilidad— por los desengaños ocasionados por la misma desconfianza como trato interpersonal.

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